| Resumen: |
El sistema liberal de prisiones, aun arrastrando los males crónicos que acumuló desde su nacimiento, en los albores del siglo XX alcanzó su verdadera madurez y comenzó a tomar solidez y credibilidad. La pena privativa de libertad estaba en el centro del sistema penal y desde ahí se extendía hasta inundarlo. El castigo penitenciario había creado una nueva cultura punitiva y, además, al confrontarla con la memoria de los castigos atroces del Antiguo Régimen, la prisión seguía presentándose como un signo de civilización.
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