| Resumen: |
Hijos del viento, del frÃo y de la tierra habitaron durante siglos los confines del sur del mundo cuando este aún no tenÃa nombre ni dueño, estaban ellos antes que todo. La tierra les pertenecÃa desde sus orÃgenes, sus ancestros danzaron al compás de los helados vientos australes y fueron ellos, los pueblos de la Patagonia, testigos del tiempo, a quienes la tierra esculpió.
Durante milenios el pueblo Tehuelche, que vivió entre glaciares y montañas, nos enseñó bajo la mirada de las brillantes estrellas del sur, con sus mantos pintados, sus herramientas de caza, sus mujeres, niños y hombres, con sus historias de grandes aves y hermosas flores, con sus leyendas del sol y la luna, que el mundo es mucho más grande y que nosotros solo somos pequeños fragmentos de un constante cambio.
Poco a poco fueron desapareciendo del territorio chileno, dejando más desolada aún la Patagonia, que todavÃa los guarda en su memoria. Sin duda, su legado trasciende a lo largo de los años, su ausencia es la prueba de su éxodo y su silencio en Chile, pero es en el sur de Argentina donde los últimos testigos vivientes de este pueblo todavÃa conservan su historia, que aún viaja a través del viento. |